EL GUIJARRO

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2D ELECCIONES ANDALUZAS, EL ÚLTIMO MITO DE LA TRANSICIÓN



Estamos próximos a la primera contienda electoral que sentará las bases de un 2019 frenético en cuanto a elecciones se refiere. El próximo 2 de diciembre en Andalucía se abre la posibilidad de impulsar un cambio que reste poder al PSOE. 
En las encuestas los pronósticos siguen apostando por una victoria holgada del partido socialista que no tendría problemas para revalidar el Gobierno después de 40 años presidiendo la comunidad, no obstante en esta ocasión los apoyos que tendrá que recabar serán más exigentes y condicionarán más sus mandatos al reducirse la distancia de votos.

El sorpaso por la izquierda es muy poco probable, pero esta vez sí puede situarse Adelante Andalucía como segunda fuerza en la Junta y a poca distancia del PSOE. La formación de Izquierdas ha conseguido aglutinar a los partidos que buscan la reforma progresista en una comunidad que perpetúa la continuidad de las estructuras de poder que se fraguaron en la transición y que se heredaron de la posguerra.

Por la derecha se van a sentar las bases de lo que podría suponer el fraccionamiento definitivo del espectro conservador, nadie duda ya de la irrupción de VOX promovida por los medios de comunicación, del alza de Ciudadanos y de la contracción del PP que quedaría, según la mayoría de las encuestas, por debajo de Adelante Andalucía. Es importante para la derecha española el resultado en estas elecciones para testar la estrategia del PP escorándose a la derecha más rancia y ver si Ciudadanos es capaz de capitalizar los casos de corrupción de Casado. En estas dos formaciones se ha instaurado definitivamente el absurdo, la mentira, la ignominia y la torpeza ideológica de sus dirigentes que en un alarde de inteligencia castiza echan por tierra más de quinientos años de historia para vergüenza de sus votantes.


En el caso de Susana Díaz el mandato estatal no le dejará margen para la elección de su socio de Gobierno, tendrá que entenderse sí o sí con la izquierda de Teresa Rodríguez. Prometen grandes espectáculos mediáticos la escena andaluza, sobretodo si Adelante Andalucía pasa por delante de PP y se sitúa como segunda fuerza en la Junta. Eso siempre que la victoria del PSOE no sea apabullante, lo cual no parece confirmarse ni en las encuestas ni en el histórico de votaciones dónde el PSOE de Susana Díaz no ha hecho nada más que perder apoyos en cada contienda electoral.

Una vez que las urnas hayan hablado serán muchos los temas que están pendientes por impulsar en Andalucía, no solo las reformas para modernizar las estructuras productivas si no un cambio en las estructuras de poder y de relación entre sus ciudadanos. Se han mantenidos insondables el poder empresarial y la precarización laboral, el tráfico de influencias es aplaudido por unos y sufrido por otros, además del necesario avance en derechos, igualdad y ecología.

Para empezar hay que dotar de fondos el Plan de Desarrollo Agrario presentado para el periodo 2014 – 2020 del que tan solo se ha ejecutado un 12% en Andalucía, en contraposición con el 20% estatal y el 30% ejecutado de media a nivel europeo. El avance en cultivos sostenibles, dónde el tratamiento de un recurso tan escaso como es el agua debe ser un eje central de la innovación y deberíamos erigirnos como estandarte europeo al tener un porcentaje tan elevado de desertización debido al cambio climático y los obsoletos modelos de explotación agraria. La conversión del tipo de cultivos a plantaciones más ecológicas y el aumento de la productividad emparejada con UTA creciente deben impulsar la generación de mejores puestos de trabajo.

La profesionalización y formación en el medio agrícola es fundamental para que se innove en un sector con un margen comercial tan escaso. Nuestros jóvenes cuando acaban los estudios obligatorios han de escoger entre quedarse en el pueblo para trabajar en el campo y alguna industria local (en las que la formación no es valorada ni recompensada) o marcharse a las ciudades para obtener estudios superiores que solo les garantizarán un trabajo fuera de las zonas rurales, expulsando así de las zonas agrarias a los jóvenes mejor formados. El problema ya no solo es quedarse y trabajar en el campo y renunciar a marcharse para hacer un trabajo más creativo o innovador, sino que esa elección en la mayoría de los casos depende del poder adquisitivo de las familias, por muy subvencionada que esté la educación deben hacer frente a los alquileres en las grandes ciudades y, debido a las infraestructuras de transporte, al coste de seguir vinculado a su lugar de origen. El joven que se marcha no suele volver y pierde a partir del segundo año la vinculación con sus raíces, desconectándolo del devenir económico y social de sus orígenes. Esta desconexión le facilita la elección de su futuro profesional que normalmente está fuera de Andalucía, con ellos se pierden miles de proyectos e inversión en educación que capitalizan gratamente otras comunidades.

Las relaciones laborales y las estructuras de poder en la mayoría de las zonas latifundistas responden más a una relación feudal que del siglo XXI, todos conocemos el miedo a contradecir a los Señoritos ya sean del campo o de la industria tradicional. Un mal gesto, un comentario fuera de lugar te dejará sin trabajo a ti y a tu familia. Hay que trabajar doce horas y calladitos.

Otro de los campos de batalla tras el campo, la innovación y los jóvenes es la sanidad. El actual sistema de salud ha dejado de ser esa gran estructura pública  garantista para convertirse en un pozo sin fondo de especulación y la cuna de la precariedad en servicios y derechos de los trabajadores y usuarios.
Es necesario cubrir los territorios con el incremento de Hospitales y Centros de Atención Primaria que den respuesta a las necesidades básicas de la población. De nuevo asistimos a la proliferación del sector privado pero solo en las zonas de mayor densidad de población localizadas en la costa y en las grandes urbes.