EL GUIJARRO

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LAS TIRITAS NO CURAN

Estamos acostumbrado a lamernos las heridas, nos pasamos el día quejándonos porque nos rodean situaciones injustas, somos víctimas de acciones que atentan contra nuestros derechos fundamentales y nos sentimos explotados en el trabajo y defenestrados del mal llamado estado del bienestar. Cuando, en nuestro inmovilismo, logramos alcanzar un estado de hastío elevado ya no solo expresamos nuestras quejas en casa sino que las manifestamos en los descansos del trabajo y en las reuniones familiares o de amigos. Empezar a notar la presión en la nuca es el primer síntoma, después la pérdida del miedo a quejarse por las injusticias es un buen segundo paso y el tercero es utilizar el voto para cambiar de partido con las esperanzas que te solucionen tus problemas.

Es ahí dónde todo se va al garete, nadie va a solventar tus problemas, no esperes que un alma caritativa lidere un partido político plagado de nobles altruistas dispuestos a dar su vida para arreglar todos los problemas de la ciudadanía aunque sean contradictorios entre si. Empieza a pensar, organízate colectivamente y no te conformes con soluciones superficiales que no atacan a la raíz del problema.

Cuando reclamamos parches y tiritas para cerrar las heridas nos olvidamos de atender lo esencial que es el origen de la herida o de la infección. Teóricamente es genial que liberalicen mercados en aras de lograr competencia entre las empresas para obtener mejores servicios a precios más asequibles sin que cueste un céntimo a las arcas públicas, que además se nutrirán de los beneficios de ese sistema competitivo que generará innovación, puestos de trabajo, competitividad y mejores servicios para los ciudadanos.
Lamentablemente no funciona así, el empresario o grupo de empresas que se quedan con la corporación que era estatal ejercerá un poder absoluto y seguirá ejerciendo como líder en el mercado, subiendo precios, empeorando servicios y limitando la entrada de competidores. Ya saben aquella frase tan evocadora: “es el mercado amigo”. 

Ya llevamos un par de años con el tema de la contaminación de los vehículos diesel en las grandes ciudades, sacando políticas para episodios de alta contaminación cuando el número de días que se aplican es de 2 a 5 anuales en Madrid o Barcelona. ¿Porque nos conformamos con comprar coches de gas licuado que perpetúan el modelo? ¿Porque no se sanciona con multas ejemplarizantes actitudes como el trucaje de las pruebas de contaminación en la ITV? Nuestro aire está contaminado porque el sistema de transporte público es caro y no llega a todos los hogares, porque nos empujan a utilizar el coche al tener jornadas de trabajo maratonianas que nos hacen ir corriendo de un lado para otro, porque nuestras industrias colocan incineradoras en zonas de alta densidad demográfica sin reparo alguno y nuestros mares están plagados de plástico porque, entre otras miles de cosas, hemos migrado a un modelo consumista en el que el envase retornable no maximiza beneficios sino costes de manipulación y reciclaje para las empresas productoras.

Cuando aceptamos que un Gobierno como el del PSOE no derogue la Reforma Laboral y se limite a prometer modificar algunos artículos lesivo estamos consintiendo que nos pongan una tirita y nos lancen de una patada de nuevo al mercado laboral precario para que nos explote, someta y empobrezca.

Cuando la gestión de las demandas legítimas de Independencia de Catalunya se gestionan acercando a los Presos Políticos a cárceles cercanas a su domicilio y nos sentamos en una mesa para recuperar la normalidad protocolaria estamos aceptando que el gobierno del PSOE no va a hacer nada por lograr un entendimiento sino que va a dilatar los posibles conflictos para utilizarlos como arma arrojadiza en el momento de las elecciones. Sin reforma de la Constitución no hay solución al conflicto Catalán.
Si consideramos como suficiente que el Gobierno central acoja a cuatro barcos de refugiados que han sido rechazados por otros países como una buena política migratoria nunca seremos capaces de presionar lo suficiente como para que acojan la cuota pactada con Europa, ni para que luchen en Europa por un cambio de rumbo. Hemos de pasar de las concertinas a las embajadas.

¿Hasta cuando vamos a seguir poniendo reclamaciones inútiles a las grandes compañías de telecomunicaciones y de suministros de energía y agua? ¿Que número de reclamaciones y abusos son necesarios por parte de estas empresas para que el Gobierno legisle al respecto? Son necesarias medidas urgentes para sancionar las reclamaciones no atendidas, deben dotarnos de medios para presionar a esas grandes corporaciones y que nos sea fácil acceder a ellos, las empresas deben asegurar que el servicio está a la altura del coste y debe existir una competencia real entre ellas para abandonar de una vez por todas los oligopolios históricos que sufrimos los usuarios en España.

Hay muchas medidas que no mencionamos en esta entrada, la ley mordaza, el coste de la educación, la concesión de becas para investigación, la gratuidad en guarderías, la integración de los servicios dentales en la sanidad pública, la gestión eficiente de las aguas grises en los hogares y un plan que incentive a los usuarios a recoger el agua de la lluvia para el uso privado, la necesidad de utilizar el sol como recurso energético para lograr un nivel mínimos de dependencia sobre las empresas energéticas… Lamentablemente no acabaríamos nunca pero debemos atacar ya el origen de nuestros males, nuestra apatía y nuestro conformismo, hay que luchar y presionar para lograr avances reales y no medidas cosméticas. El planeta no puede esperar, las familias no pueden esperar y nuestro futuro se está oscureciendo cada vez más.